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Así fue cómo la cocina impulsó la evolución humana

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Foto: Pixabay

Son muchas razones a las que se atribuyen que el ser humano haya terminado en lo que es actualmente. Desde la fabricación de herramientas hasta el pensamiento abstracto, el rango es bastante amplio. Ahora, una nueva teoría propone que fue la cocción de los alimentos el motor de la evolución.

Según el primatólogo Richard Wranglam, al comer alimentos cocinados, disminuyó el tamaño del aparato digestivo en beneficio del cerebro humano.

La importancia de la cocción en la prehistoria fue reconocida por Claude Levi-Strauss. La transformación de los alimentos crudos en víveres cocidos, afirmaba el antropólogo, impulsó el paso de la naturaleza a la cultura, sin llegar nunca a sostener que ese pasaje incidió drásticamente en el organismo de los homínidos. Para Levi-Strauss la cocina modeló la mente (el orden simbólico); para Wrangham, determinó el cerebro (el orden anatómico).

Apuntalar esta hipótesis es el objetivo de su libro “En Llamas: cómo la cocina nos hizo humanos”, publicado por Capitán Swing. Sostiene que, mientras el primer gran salto de la evolución en nuestro árbol genealógico estuvo ligado a cambios climáticos y a la adopción de una dieta de tubérculos, el pasaje del Homo habilis al Homo erectus (hace 1,8 millones de años) se debió a la invención de la cocina.

¿Cómo? Por el menor esfuerzo digestivo que exigen los comestibles cocinados en comparación con la ingesta de comida cruda. Esto habría propiciado la disminución del tamaño de dientes, mandíbulas y aparato digestivo del linaje Homo, en beneficio del cerebro, a cuyo crecimiento y mantenimiento se dedicó la energía metabólica ahorrada en la digestión.

Sin evidencias empíricas

Cabe advertir que Wranglam, profesor de antropología biológica en la Universidad de Harvard, no dispone de evidencias empíricas directas que sostengan su hipótesis sobre la evolución.

Toda su argumentación consiste en una serie de analogías y ejemplos aportados por su experiencia con los primates y por los conocimientos de los nutricionistas acerca del impacto de los alimentos cocinados en el metabolismo humano.

A esto le suma observaciones antropológicas acerca de la dieta de los pueblos cazadores-recolectores.

En poco más de 200 páginas aprendemos que si nos alimentásemos exclusivamente de comida cruda, acabaríamos dejando de menstruar (si somos mujeres) o muriendo por desnutrición, sea cual fuera nuestro sexo.

Nos enteramos asimismo que digerir alimentos crudos exige mucha masticación, largas digestiones y, en definitiva, un cuantioso gasto energético. Y que el valor nutricional de numerosos alimentos aumenta al calentarlo (un huevo cocido es digerible en 90%, y uno crudo, en 50%).

Deja claro que la carne es una importante fuente de proteínas, pero solo cocinada; y nos informa que en el registro etnográfico no existen cazadores-recolectores con una dieta exclusivamente cruda ni tampoco culturas, por más primitivas que sean, que no cocinen.

La evolución es más compleja que esto

El talón de Aquiles de cualquier teoría monocausal de la evolución como esta radica en el sobredimensionamiento de un único factor.

Los últimos descubrimientos muestran un panorama evolutivo complejo y multicausal, con causas de diversa entidad conjugándose en buena medida aleatoriamente para producir una especie única como la nuestra.

en llamas cocina Libro En llamas. Cómo la cocina nos hizo humanos. Richard Wranglam. Capitán Swing 2019. 264 páginas
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Fuente

El simio culinario: la cocina como motor de la evolución humana. Por Pablo Francescutti en Agencia SINC Licenciado bajo CC BY 3.0

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