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Los dos papas: El Vaticano, ¿más a la izquierda o así está bien?

los dos papas
Foto: Netflix

Las moscas molestan al papa Benedicto XVI (Anthony Hopkins) mientras habla con el cardenal argentino Jorge Bergoglio en 2012. El diálogo es ficticio, como todos los de la película “Los dos papas” de Fernando Meirelles (Ciudad de Dios). El detalle del insecto dice mucho de cómo se le representa en el film de Netflix: es lo viejo, lo desgastado, lo que hay que desplazar.

La cinta es básicamente dos cosas: un diálogo entre dos liderazgos católicos con visiones encontradas y un recuento de cómo Bergoglio (Jonathan Pryce) se convirtió en el papa Francisco, el primer latinoamericano (y jesuita) en ocupar el llamado trono de San Pedro.

La película está basada en el libro “El Papa” de Anthony McCarten, quien adaptó el guión para Netflix y tiene como centro unas ficticias conversaciones entre Bergoglio y Benedicto XVI, el año antes de la renuncia del pontífice alemán.

¡Alerta de spoiler!
Atención si no has visto “Los dos papas” no sigas o arriésgate a que te revelen datos claves de la película

El intercambio de ideas es tosco al comienzo. Los dos ancianos se tensan, intercalan argumentos con citas bíblicas para justificar sus posiciones. Luego es más cordial, más amistoso, al punto de que se sugiere que Benedicto XVI pacta con Bergoglio para que este último se convierta en cabeza del catolicismo.

“Me has quitado un enorme peso de los hombros”, le dice el personaje interpretado por Hopkins, a lo que Bergoglio responde: “Y usted ha puesto uno muy grande sobre los míos”.

La realidad es que no fue tan fácil. Bergoglio resultó electo papa luego cinco votaciones en dos días de cónclave. Ratzinger fue elegido en 2005 en cuatro votaciones, también en dos días de cónclave.

A Bergoglio se le destaca por su buen humor, su conexión con la realidad de la crisis del catolicismo, pero con ganas de renunciar para dedicarse a una labor más humilde dentro de la iglesia. En contraste, Benedicto XVI es representado como tosco, ignorante de la cultura popular y con nulo sentido del humor. “Nunca puedo recordar un chiste”, es una de las líneas que suelta.

Son dos ancianos hablando de sus errores (¿una representación de la ancianidad de la estructura católica?), lamentándose y perdonándose entre ellos. Benedicto XVI se altera porque Bergoglio no entiende que ya Dios no le habla y opta por hacerse a un lado y abrirle paso al cardenal argentino, carismático, progresista y con ánimos de reforma.

Políticamente, en “Los dos papas” hay muchas marcas de un choque entre dos visiones. Debajo del lenguaje religioso, el director le está diciendo al público que la estructura cristiana más grande del mundo decidió dar un paso a la izquierda para “sanar sus heridas” internas y tratar de relanzarse en un mundo de incertidumbre.

La cinta incluye un breve fragmento de Bella Ciao, una famosa canción de protesta surgida en la Italia en la II Guerra Mundial, y que cobró un nuevo auge con la serie española “La casa de papel” y que ha sido un himno tradicionalmente izquierdista.

¿Algo más de izquierda? Agréguele una estrofa de la canción “Cuando tenga la tierra” de Mercedes Sosa que suena mientras se cuenta la vida de Bergoglio en Córdoba, donde se le ve de joven (interpretado por el argentino Juan Minujín) dirigiendo un pequeño equipo de fútbol.

“Los dos papas” ha sido aclamada por la crítica y encabeza las nominaciones para los Globos de Oro. Aparte de ser una pieza que parece pensada para ubicar al papado de Francisco a la izquierda del espectro político, es una producción de altísima calidad con diálogos construidos con sagacidad e impecablemente presentados por Hopkins y Pryce.

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