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Querides amigues, la gramática no es machista

lenguaje inclusivo letras
Foto: Pixabay

Comunicarse de manera que todes queden contentes y se sientan incluides es un reto que afrontan desde les docentes en los colegios y universidades hasta les periodistes y les politices (¿o politiques?), gracias a una especie de revolución del lenguaje que quiere imponerse a les más de 500 millones de hablantes del español.

¿Se te hizo difícil de entender el párrafo anterior? Pues imagínate una ley redactada de esa forma o el esfuerzo económico que requerirá ajustar libros de textos para que “les niñes” aprendan esta nueva forma de leer y escribir, una versión del llamado lenguaje inclusivo.

El uso de la “e” para neutralizar el género en el español es una lucha que produce una gran polémica en algunos países más que en otros, en un esfuerzo del nuevo feminismo por imponer un cambio gramatical que aspiran tenga un efecto en una mayor igualdad entre hombres y mujeres.

“Cuando todos seamos iguales, cosa que por el momento está lejos de ocurrir, cuando se hayan resuelto las diferencias salariales, la violencia machista, la discriminación de la mujer, cuando haya desaparecido todo eso y la igualdad sea plena, el lenguaje dejará de ser una batalla”, asegura el periodista y escritor español Alex Grijelmo, quien recientemente presentó su libro “Propuesta de acuerdo sobre el lenguaje inclusivo” (Taurus, 2019).

La RAE sobre el lenguaje inclusivo

Para el director de la Real Academia Española (RAE), Darío Villanueva, “el problema es confundir la gramática con el machismo”. Un detalle que el feminismo radical, muy en boga en varios países, no acepta como argumento.

La RAE lo tiene muy claro y ha señalado reiteramente que al decir “todos” no quedan excluidas de la referencia las mujeres. Si se tiene en cuenta esto, se ve que son innecesarias, y artificiosas, las propuestas de uso de signos como la “@”, la “x” o la “e” como fórmulas para un uso del lenguaje inclusivo.

“El lenguaje inclusivo no es un lenguaje, sino el espejo de una posición sociopolítica”, asegura la presidenta de la Academia Argentina de las Letras, Alicia Zorrilla. “Carece de fundamento lingüístico, está fuera del sistema gramatical”.

No obstante, tantas voces en contra, traductores como el de Google, uno de los más usados del mundo, ya traduce “todes” del español al inglés como all, aunque antes pregunta que si la palabra no es alemana.

¿Es exagerado hablar de feminismo radical en cuanto al lenguaje inclusivo?

Las medidas por usar el lenguaje como una herramienta para erradicar el machismo pueden llegar bastante lejos. En Andalucía, España, se creó un cuerpo de inspectores para vigilar que en las escuelas se use lenguaje no sexista. En Francia, una localidad prohibió el uso de la palabra mademoiselle (señorita) por no tener una contraparte en masculino.

El lenguaje inclusivo luce para el feminismo como una oportunidad de procurar cambios en el idioma español que ya se concretaron en otros como el sueco donde se introdujo el artículo neutro hen (en español sería algo como elles) que no tendría carga de género como han (él) y hon (ella). También ocurrió ya en inglés con el pronombre they en plural usado para denotar a las personas que no se identifican con un género (fue la palabra del año escogida por el diccionario estadounidense Merriam Webster).

El argentino Agustín Laje, fundador del think tank liberal Funda Libre, dice en “El libro negro de la nueva izquierda” que “el feminismo radical es mainstream en el mundo político y académico (que) ya impone sus demandas en muchas partes del planeta”.

Algo de eso se observa en un manual de la agencia de la ONU para los refugiados (Acnur), donde se señala que “el lenguaje históricamente ha condicionado el papel de la mujer y anteponen una visión heteropatriarcal y heterosexista de la vida en sociedad”.

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