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Street Food Latinoamérica, el corazón de la comida callejera

comida callejera de Street Food Latinoamérica
Foto: Netflix

Street Food Latinoamérica, la docuserie de Netflix, lleva a la audiencia global la comida callejera centrada en la gente que la hace. A pesar de su nombre, el centro de los seis episodios que recorren puntos de México, Brasil, Argentina, Perú, Bolivia y Colombia, no son los platos típicos sino el corazón que le ponen quienes los preparan.

No es una docuserie acerca de la comida, es sobre las historias de las personas que las idearon y las sirven. Tiene un marcado enfoque hacia la mujer luchadora, emprendedora, pobre, creativa, ingeniosa, sufrida. Resalta el valor de las herencias familiares, de la cocina casera y de la indiscutible necesidad de tener un producto único para atraer clientela.

La estructura de cada capítulo es muy similar a la de su predecesora: Street Food Asia, donde una persona va contando la historia que es la misma de cómo llegó a preparar el plato que todos quieren comer en su local ubicado en plena calle o en un mercado.

Alrededor de ese relato principal en primera persona gravitan otros pequeños en los que no se profundiza mucho, pero que son representativos del país. La pieza en su conjunto es una exaltación de la creatividad, alejada de la estética de la cocina gourmet y los lujosos restaurantes con chef egresados de prestigiosas y costosas escuelas. Es una serie sobre cómo los pobres sobreviven (excepto el caso de Perú).

Son historias inconclusas. Todos aspiran algo más, lucharon por lo que tienen y eso que tienen es un éxito, que como muchas cosas para la mayoría de los latinoamericanos, está en riesgo, es vulnerable. Tan sencillo como imaginar qué será de la vida de cada uno de los que aparecieron en el documental en medio de la pandemia de Covid19 y los obligados cierres de sus locales o la desaparición de las multitudes que consumen su comida.

Comida callejera con sello de mujer

Cinco de las seis historias principales de Street Food Latinoamérica son acerca de mujeres. La relación de las protagonistas con sus madres es clave para develar los secretos de su cocina. La mayoría lo aprendió de sus madres, de niñas cocinaban con ellas. Allí se estableció la conexión con preparar y servir. Luego vienen las luchas, las dificultades para sobresalir, el ingenio para destacar entre tanta competencia y ganarse el favor de los comensales.

La única excepción es el caso de Perú. Uno de los países de la región con mayor variedad de comida callejera. Allí el protagonista es un joven de clase alta que rompió con el lujo del restaurante de su padre para instalar un negocio modesto, desprolijo, pero al que le hacen fila en una zona clase media de Lima, como una celebridad de la comida callejera gracias a su ceviche.

David Gelb y Brian McGinn, creadores de Street Food Latinoamérica para Netflix, escogieron personas que tocaron fondo en algún momento de sus vidas, que cuentan cómo se enamoraron (o se desencantaron), que casi perdieron las esperanzas, que han luchado por décadas frente a una cocina y que todavía siguen allí.

Cada uno de los seis episodios de unos 30 minutos despiertan el hambre. Dan ganas de salir a disfrutar la comida callejera de Buenos Aires, Salvador, Oaxaca, Lima, Bogotá y La Paz.

Como en toda selección, algo tenía que quedar fuera. Extraña que no se hiciera un esfuerzo por llegar a la aislada Venezuela, donde incluso en medio de la crisis todavía sobrevive una respetable comida callejera. Tampoco hay nada de Centroamérica.

Este documental sobre comida callejera tiene en Filmaffinity una puntuación de 6,4 sobre 10, mientras en Rotten Tomatoes alcanza una puntuación de 83%.

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